Lo primero que observa al despertar es que el cielo parece más claro, es sólo una vaga impresión, la intuición de algo que no encaja. Una extraña figura se acerca por un camino que juraría que antes no estaba ahí.
–Buenas tardes, dice Lucila educadamente, cerrando la tapa de su ordenador.
–Hola, no te había visto antes por aquí, y llevo un rato paseando…
–La verdad es que me había dormido, eso creo…, es que tengo que hacer un trabajo sobre los chopos, y para librarme de quitar la mesa me he venido aquí, a echar la siesta y de paso a estudiar un poco aprovechando que hasta aquí llega la wifi del ayuntamiento.
–¿La quéeee?
–Si hombre, la wifi, para Internet, para el ordenador. — decía levantando al aire su nuevo y flamante miniportátil.
–Lo del wifi y el Internet, no tengo ni idea, pero eso es una máquina de escribir pequeñita, la verdad es que nunca había visto una igual, ¿y por dónde sale el papel?
–Que no, que es otra cosa, es un ordenador, aquí te conectas con muchos otros ordenadores de todo el mundo y puedes conseguir información, hablar con otras personas…en fin, tiene muchas posibilidades, dice mi tutor. Yo, de momento, lo que tengo que hacer con él son unas actividades para conocer mejor los árboles.
–Pues no te entiendo muy bien, la verdad, eres una niña extraña…, pero te diré algo, no creo que a través de ese cacharro se puedan conocer mucho a los árboles, y no me parece que, por muchas posibilidades que tenga, se pueda hacer algo de provecho con él. Aunque si realmente quieres conocer los árboles y lo que puede hacer una sóla persona con su determinación y voluntad, por ellos, te contaré una historia…
–Espera, espera, ¿puedo copiarlo en el ordenador?, seguro que el profesor me pone un diez…
–Sí, sí, escríbelo, creo que es una historia que merece la pena que quede registrada, que alguien alguna vez pueda aprender algo de ella…
Hace alrededor de cuarenta años estaba dando un largo paseo por unos montes totalmente desconocidos por los turistas, en esa vieja región de los Alpes que se adentra en la Provenza.
(Nota: la primera parte, en azul y cursiva es un texto ajeno al cuento original escrito por Jea Giono en 1953. Hemos dividido en 4 partes el cuento, tantas como bloques o etapas tiene este juego. En cada etapa se introducirá la parte correspondiente de la novela corta de Giono con un texto de Lucila y el narrador. Podéis leer estos textos en pantalla, para ello hemos dividido esta primera parte en varios fragmentos, (continua aquí) o descargarlos aquí: Texto completo, “El hombre que plantaba árboles”)